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Los Limones de Fey

February 09, 2022 Ralph Cortes Season 3 Episode 14
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Los Limones de Fey
Feb 09, 2022 Season 3 Episode 14
Ralph Cortes

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Aquí les comparto una historia especial que recientemente se hizo parte de mi, y cuyo significado puede aplicar en la vida de todos nosotros. Permíteme explicarte lo mucho que significan para mí, Los Limones de Fey. — Ralph

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Aquí les comparto una historia especial que recientemente se hizo parte de mi, y cuyo significado puede aplicar en la vida de todos nosotros. Permíteme explicarte lo mucho que significan para mí, Los Limones de Fey. — Ralph

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Los Limones de Fey

Hace cinco años aproximadamente, mientras vivía en el estado de Florida en los EU, mis padres decidieron hacer unos cambios en el patio trasero de la casa. Entre estos cambios, estaba la siembra de semillas de ambos frutas y vegetales.

No parecía una cosa sobrenatural ni extraña, pero si solucionaría el dilema del deseo del cambio entre ellos, y la excusa de tener que salir afuera para el cuido y trato de estas pequeñas plantas que pronto serian.

De todas maneras, la idea de producir alimentos que nos regala la tierra no es solo saludable, sino que también alivia ante los riesgos de escasez que en ocasiones fenómenos naturales pueden traer. Mas o menos a esa misma ventana de tiempo ellos sintieron, a solas, los devastadores efectos del huracán María y de las necesidades que produjo tras su paso.
Entre todas las semillas recolectadas para el proceso de plantío, hubo una que entusiasmaba mucho a Fey. Te preguntaras quien es este individuo, pues te diré que fue un ángel terrenal entre nosotros, un ejemplo de hombre para mí como hijo. Fey fue en realidad, Rafael Cortes, mi padre.

Él estaba extremadamente contento de tener un palito de limón, como decía el, para sus limonadas y para darle el toque de sabor perfecto a ese trago de Cuba Libre que tanto amaba. Ya había escogido el lugar perfecto del patio para eso. Y sin preámbulos de por medio, así se hizo. El sembrado se completó con un inventario que, entre muchos estaban pimientos, cebollines, limoncillo, espinacas, tomates y por supuesto, el limón.

Lo curioso del todo este proceso fue que la espera, y gracias a Dios por eso, de estos frutos no tardo mucho. De inmediato pudieron consumir espinacas frescas, jugosos tomates y cebollines que eran de gloria en esos caldos que el preparaba y que disfrutaba tanto. Los pimientos brillaban modelando lo saludable que estaban. El té de limoncillo era una delicia, pero, sin embargo, hubo un arbolito en particular que, por alguna razón, se tardó en dar frutos. Este fue el de limón.

Recuero que en ocasiones bromeábamos al respecto, y nos reíamos acerca de la capacidad del arbolito para producir. Unos de los puntos que más tocábamos era el hecho de que este se encontraba justo donde se colgaba la ropa para secar después de su lavado. Las largas y afiladas espinas de este en ocasiones tomaban posesión de pedazos de ropa y nos daba miedo de que se rompieran.

Pasaron varios años y nada. El magistral y visualmente saludable arbolito de limón hacia su manifestación de belleza viril con sus hojas verdes y su tamaño ahora de mucha consideración. Recuerdo que en ocasiones mi viejo coqueteaba con la idea de podarlo, de erradicarlo del área, ante su incapacidad de rendir frutos. Fuero varias las instancias en que compartió esa idea conmigo, pero nunca llevamos a cabo el acto. Luego, y lamentablemente, Fey se me comienza a debilitar. Cita tras cita, visita tras visita al medico hacia claro el hecho de que su deficiencia cardiaca era algo serio.

Caminaba mas lento, pensaba con mas ímpetu, y seso de tomar decisiones drásticas. A las 5:50 PM del día 13 de agosto de 2021, Fey partió con el Señor. Su partida fue repentina. No hubo cansancio de pelea, no tuvo la necesidad de batallar la condición. En un abrir y cerrar de ojos, y mientras los sostuve en mis brazos, este mundo se despidió del mejor ser humano que jamás haya conocido, y quien es responsable de que me encuentre entre ustedes hoy.
A petición de mi señora madre, y por acuerdo mutuo con Fey previo al suceso, sus cenizas fueron llevadas a su pueblo natal de Aguadilla, Puerto Rico, donde serian esparcidas en el Chapey, sector del área donde creció. Fue un solemne momento donde las lágrimas de despedida se mezclaban con la risa de los recuerdos de sus ocurrencias, y de lo mucho que inventaba. Fey produjo un fantástico oleaje al regresar a su pueblo. El océano parecía celebrar la vida de este hombre que nunca tuvo enemigos, y a quienes tanto ayudo. Su impecable récord de vida quedo grabado en ese barrio que lo vio transformarse de niño humilde y obediente a su vieja, a un padre de familia sin faltas.

Varias horas de haber terminado con esta bella encomienda, disfrutábamos en familia de un café. Compartíamos nuestras reacciones y expresábamos el acuerdo mutuo de que su legado ahora seria a través de nosotros. El cambio de liderato ya era oficial. Ahora los hijos de Fey, se encargarán de mantenerlo a el vivo mediante nuestro ejemplo a otros en vida. Algo interesante sucedió en medio de todo aquello. Mi madre Alba, dedicada en asegurarse de que todo estaba en orden, se percata de que la caja donde los restos de mi viejo se encontraban, no estaba completamente vacía. Quedaba aun en el fondo, aunque muy poco, parte de los restos de mi viejo. Seguido de tan asombroso hallazgo, ella nos notifica que sabía exactamente lo que haría con ellos.

Nosotros decidimos seguirla. Con un paso apresurado, mi madre se dirige directamente al tronco del arbolito de limón y con una sonrisa moldeada por el toque de una lagrima, lanzo el resto de las cenizas en el tronco de la planta. A mí me pareció propio. Fey tenia muy buenas ideas con ese arbolito. Lo quería. Era importante para él. El hecho de que mi viejo descansara cerca de sus raíces hacia sentido. Y fue con este acto que finalmente llegamos al cierre que tanto necesitábamos.

A exactamente tres meses de estos hechos, mi madre me toca el hombro mientras trabajaba en mi oficina en la creación de artes gráficas. Me asuste un poco, porque traía lagrimas en sus ojos. Le pregunte que sucedía, si estaba bien y me contesto que sí, pero que tenía que mostrarme algo. No fue tan solo la curiosidad, sino la necesidad de saber que era lo que la había conmovido tanto y miles de cosas me pasaban por la mente, pero jamás habría de pesar que se trataba de lo que estaba por mostrarme.

Alba me toma de la mano y me lleva a la parte posterior derecha del arbolito de limón y allí nos sonreía, con el verde mas puro que el Creador haya podido compartir, el primer limón que el arbolito haya producido en casi 5 años. Finalmente, y para honor de quien fuera su sembrador, el arbolito nos bendecía con sus primeras ramas de flores de fruta y con un limón que solito celebraba la vida en un baile lleno de esperanza, perseverancia y amor. En pocos días, continuaron resurgiendo la cantidad de frutos en el arbolito al punto que ya no podíamos contarlos con exactitud. Eran demasiados. Y he aquí el milagro de la vida.

No se si el abono perfecto fueron los restos de mi padre o si solamente fue un aprendizaje dentro del marco de nuestra capacidad de entender el tiempo. Es probable que el arbolito solo necesitaba mas tiempo, pero si así fuera el caso, no fue hasta que los restos de mi viejo le hicieron compañía, que los frutos comenzaron a saludarnos. Mi viejo tenía una inquebrantable verticalidad moral, emocional y espiritual de la que siempre estuve impresionado. Su corazón, el temor a Dios, y su amor a su familia lo separaban de todo lo inestable e impredecible de este mundo. No ceso de darle gracias a Dios por haberme permitido crecer con tan ejemplar ser humano.

Aun después de su partida, nos continuaba mostrando lo bello que puede llegar a ser la vida, aunque tengamos que experimentar inesperadas perdidas. Yo suelo pasar tiempo en el taller de trabajo que dejo atrás, y donde juntos compartíamos carcajadas hablando de política, música y de los proyectos aun sin terminar. Desde ese taller, también tengo una vista clara de su arbolito de limón y de las estampas que se quedaron marcadas en mi ser, cada vez que rodeaba la planta en la búsqueda de frutos.

Con este episodio quería darle gracias a Dios por ese hombre que llame mi viejo, por el ejemplo tan grande que nos dio y de quien fue y por haberse preocupado de que entendiéramos la importancia de ser lo mejor que podamos no solamente para nosotros mismos, sino para también para con los demás. Hoy la vista desde el taller es distinta. Ya no lo veo a el en medio de la incesante búsqueda de frutos en el arbolito, pero si tengo la bendición de tocar, sentir, oler y hasta besar a los que hoy llamo los limones de Fey.
Gracias viejo.


-ENGLISH TRANSCRIPT-


Fey's Lemons

About five years ago, while living in the state of Florida in the US, my parents decided to make some changes in the backyard of their house. Among these changes was the sowing of seeds of both fruits and vegetables.

It did not seem like a supernatural or strange thing, but it would solve the dilemma of the desire for change between them, and the excuse of having to go outside for the care and treatment of these little plants that would soon be.

In any case, the idea of ​​producing food that the earth gives us is not only healthy, but also alleviates the risks of scarcity that natural phenomena can sometimes bring. More or less in that same window of time they felt, alone, the devastating effects of Hurricane Maria and the needs that it produced after its passage. Among all the seeds collected for the planting process, there was one that Fey was very excited about. You will wonder who this individual is, and I will tell you that he was an earthly angel among us, an example of a man for me as a son. Fey was actually Rafael Cortes, my father.

He was extremely happy to have a "baby lemon tree", as he called it, for his lemonades and to give the perfect touch of flavor to that drink of Cuba Libre that he loved so much. He had already picked the perfect spot in the yard for that. And without preamble, that's how it was done. The planting was completed with an inventory that, among many, included peppers, chives, lemongrass, spinach, tomatoes and, of course, lemon.

The curious thing about this whole process was that he waited not too long and thank God for that, these fruits grew fast! They were immediately able to consume fresh spinach, juicy tomatoes and chives that were glorious in those broths that he prepared and that he enjoyed so much. The peppers shone showing how healthy they were. The lemongrass tea was delightful, however, there was one little tree in particular that, for some reason, was slow to bear fruit. This was the lemon tree.

I remember that sometimes we joked about it, and we laughed about the lack of ability of the little tree to produce. One of the points that we touched the most was the fact that this was right where the clothes were hung to dry after washing. The long and sharp thorns of this one sometimes took possession of pieces of clothing and we were afraid that they would break.

Several years passed and nothing. The magisterial and visually healthy little lemon tree manifested its virile beauty with its green leaves and its now highly regarded size. I remember that sometimes my old man flirted with the idea of ​​pruning it, of eradicating it from the area, given its inability to bear fruit. There were several instances in which he shared that idea with me, but we never carried out the act. Then, unfortunately, Fey began to weaken.  Appointment after appointment, visit after visit to the doctor made clear the fact that his heart failure was serious.

He walked more slowly, he thought with more impetus, and tested the brain to make drastic decisions. At 5:50 PM on August 13, 2021, Fey left with the Lord. His departure was sudden. There was no fight fatigue, there was no need to battle the condition. In the blink of an eye, and while I held him in my arms, this world said goodbye to the best human being it has ever known, and who is responsible for me being among you today.

At the request of my mother, and by mutual agreement with Fey prior to the event, his ashes were taken to his hometown of Aguadilla, Puerto Rico, where they would be scattered in El Chapey, a sector of the area where she grew up. It was a solemn moment where the tears of farewell were mixed with the laughter of the memories of his occurrences, and of how many crazy things he invented. Fey produced a fantastic swell as she returned to his village. The ocean seemed to celebrate the life of this man who never knew of enemies, and whom he helped so many. His impeccable life was recorded in that neighborhood that saw him transform from a humble and obedient child to a father of a family without faults.

Several hours after finishing this beautiful task, we enjoyed a coffee with the family. We shared our reactions and expressed mutual agreement that his legacy would now be carried  through us. The change of leadership was already official. Now Fey's children will be in charge of keeping him alive through our example to others in life. Something interesting happened in the middle of all that. My mother Alba, dedicated to making sure that everything was in order, noticed that the box where the remains of my old man were found was not completely empty. There was still at the bottom, although very little, part of the remains of my old man. Following such an amazing find, she notified us that she knew exactly what she was going to do with them.

We decided to follow her. With a hurried step, my mother goes directly to the trunk of the little lemon tree and with a smile molded by the touch of a tear, she throws the rest of the ashes on the trunk of the plant. It seemed fitting to me. Fey had very good ideas with that little tree. He wanted it. It was important to him. The fact that my old man rested close to his roots made sense. And it was with this act that we finally got the closure we so badly needed.

Exactly three months after these events, my mother tapped me on the shoulder while I was working in my office creating graphic arts. I was a little scared, because she had tears in her eyes. I asked her what was going on, if she was okay, and he said yes, but told me that she had to show me something. It was not just curiosity, but the need to know what was moving her so much and thousands of things went through my mind, but I will never forget what she showed me.

Alba takes me by the hand and leads me to the right-back side of the lemon tree, and there it smiled at us, with the purest green that the Creator could have ever share, the first lemon that the tree has produced in almost 5 years. Finally, and to honor its sower, the little tree blessed us with its first branches of fruit flowers and with a lemon that alone, celebrated life in a dance full of hope, perseverance and love. In a few days, the number of fruits on the tree continued to reappear to the point that we could no longer count them accurately. They were too many. And here is the miracle of life.

I don't know if the perfect fertilizer was my father's remains or if it was just an apprenticeship within the framework of our ability to understand time. It is likely that the little tree just needed more time, but if that was the case, it was not until the remains of my old man kept him company that the fruits began to greet us. My old man had an unshakable moral, emotional and spiritual uprightness that I was always impressed with. His heart, the fear of God, and his love for his family separated him from everything unstable and unpredictable in this world. I never stop thanking God for allowing me to grow up with such an exemplary human being.

Even after his departure, he continued to show us how beautiful life can be, even if we have to experience unexpected losses. I usually spend time in the workshop that he left behind, and where we shared laughter talking about politics, music and the projects still unfinished. From that workshop, I also have a clear view of his little lemon tree and the images that remained in my soul, every time I saw him walking around the tree in the search of a lemon.

With this episode I wanted to thank God for that man I called my father, for the great example he gave us. For having cared that we understood the importance of being the best we can, not only for ourselves, but for also with others. Today the view from the workshop is different. I no longer see him in the midst of the incessant search for fruit on that little tree, but I do have the blessing of touching, feeling, smelling and even kissing what I now call, Fey's lemons.

Thanks dad!